sábado, 24 de febrero de 2018

Celebración de la perseverancia


Hacía casi dos milenios que lo habían crucificado y el padre pensó, que ya había transcurrido tiempo suficiente para que su hijo hubiera superado aquella mala experiencia.

Como solía hacer en los actos importantes, le invitó a sentarse a su derecha y poniendo la voz grave proclamó que, en breve su vástago iniciaría la primera reencarnación.

Un nudo en la garganta impidió al joven manifestar su voluntad. El padre le tomó entre sus brazos y con su habitual tono de voz, le dijo:
- No te aflijas, hijo mío. Esta vez será distinto..., ahora utilizan otros métodos.

Autora: Ana Pascual Pérez

6 comentarios:

  1. Jajajaja Brillante. Pobrecillo. Muy bueno, en serio, es contundente.

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    1. Gracias, Ángela. Pobrecito, si, menudo porvenir, jajaja

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  2. Muy bueno, Ana. Ciertamente, ahora sería muy distinto, empezando porque lo acusarían de rebelión e incitación al odio. Lo que ya no sé es si la condena sería a solo treinta años o a prisión permanente revisable. Y en lugar de una corona de espinas y laceraciones por latigazos, quizá luciría un parche en un ojo por culpa de una pelota de goma rebelde.
    Una transgresión histórico-literaria muy original.
    Un abrazo.

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    1. Gracias, Josep. La verdad es que ahora podría ser más o menos como dices.

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  3. Buen micro. Desde luego, el ser humano tiene una imaginación prolija en idear formas de tortura. Saludos!

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