lunes, 22 de enero de 2018

Tiempos modernos.


Ya recogerían la mesa más tarde, cuando los niños estuvieran durmiendo, porque bastante tenían con poner la lavadora, que les costaba lo suyo... El mayor, en edad rebelde, no quería entrar; claro, él ya no se lo tomaba como un juego.
Pero ahí no acababan... al terminar el programa de lavado rápido tenían que tenderlos sobre las camas, con los uniformes puestos, repeinados y bien estiraditos, evitando que se arrugasen. Al día siguiente, como muchos otros padres, no iban a tener tiempo para planchar a los niños.

Autora: Ana Pascual Pérez

2 comentarios:

  1. Un relato extraordinariamente original, con una gran dosis de humor surrealista. De todos modos, la idea no es mala; ante todo hay que ser práctico en esta visa, jajaja
    Un abrazo.

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