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domingo, 22 de marzo de 2020

Cambios en el comportamiento de especies autóctonas


Desde el punto de observación Norte:

En el parque los patos se han aventurado a abandonar el estanque y caminan confiados por el césped. Se puede ver a familias enteras, en fila india, dando largos y apacibles paseos.

Desde el punto de observación Este:

Sobre las once y media de la mañana un grupo de gaviotas sobrevuela el instituto. Parece ser que no encuentran lo que andan buscando y emiten violentos graznidos. Vuelan en círculos como los buitres, dan unas cinco vueltas con vuelos rasantes y después se van.

Las tórtolas, gorriones y mirlos, que anidan en las ramas de los pinos, no dejan de piar y aletear. Se escucha perfectamente el lenguaje de esos pájaros, desde que amanece hasta que se oculta el sol, ahora se les percibe perfectamente, sin necesidad de esforzar ningún sentido.

La pareja de ardillas que vive en el último pino (el más alejado del edificio) además de seguir jugando a perseguirse por el tronco del árbol, en los últimos días se las ha visto corretear a sus anchas por la zona de la piscina.

Una familia de humanos escucha y observa. Se les puede ver asomados en las ventanas de su séptimo piso. Cuando se pone el sol salen a la terraza y juntan sus palmas, emitiendo en cada choque una especie de chasquido. Este comportamiento ha sido aprendido por imitación y se propaga con facilidad hacia el resto de individuos de la misma especie. Después de este ritual regresan al interior de sus casas.

Del mar hace días que no sabemos nada. Nos preguntamos si todo estará igual, los peces, sus corales, incluso las medusas, su zona abisal … Esperamos que siga acudiendo a la orilla.

domingo, 20 de enero de 2019

Visto desde fuera...


Encendí las velas como me pediste, para que desde el camino, a través de la ventana, pudieras verlas. Lo sé porque salí a comprobarlo, entonces, al asegurarme que regresarías, ya no pude entrar.

Autora: Ana Pascual.

Vistas despejadas.


Me dijo que desde su casa podría contemplar toda la ciudad, yo le advertí de mis vértigos, mi acrofobia… Me miró de tal forma que no dudé en pulsar el botón 15 del ascensor.


Autora: Ana Pascual.

jueves, 7 de junio de 2018

Alegaciones


Prefiero las ratas a los insectos pero, tú ya lo sabías, hermano; por eso no sé cómo pudiste… Las ratas no me causan la repugnancia que siento al ver una cucaracha. Sé qué comen, como se reproducen; amamantan a sus crías, no son tan ajenas a nosotros. Pero los insectos… En sus orígenes no son más que larvas pegajosas, que aparecen en cuanto algo empieza a pudrirse. De ahí nacen esos bichos, de lo descompuesto. Por eso quiero que entiendas que, no puedo. Ojalá te hubieras despertado convertido en una rata de setenta kilos. ¡Te juro por Dios, Gregorio, que todo habría sido distinto!.

Autora: Ana Pascual.

jueves, 16 de abril de 2015

"Ego me absolvo"

Todas las noches hablaba con él; primero enumeraba cada una de las bondades que, aunque nunca llegaba a hacer, se le habían ido ocurriendo durante el transcurso del día. Y ahora, cuando la noche ponía fin, el hecho de recordarlas le hacía sentirse mejor persona. Pensar que podría haber sido un tipo honesto, afable o generoso, le procuraba un reposo balsámico.
Después de demostrarle cuán benévolo hubiera podido ser, le pedía lo mismo de siempre, y el Altísimo le correspondía con una reiterada promesa que no provenía de las alturas, sino de su propia voz interior…
Entonces se dejaba consolar por la dulce llegada del sueño; escuchando lejana su voz, que en boca del Todopoderoso imaginaba más grave y profunda. No hubo ni una noche que no cerrara los ojos complacido, pues confiaba en la idea de que Dios no promete en vano; siendo por tanto imposible que faltara a su palabra. Sin embargo, al despuntar el sol, su voluntad amanecía debilitada, y la promesa se desvanecía como el recuerdo de un sueño que se evapora en la memoria.

Sólo recordaba muy vívida la sensación de alivio, que le había proporcionado la charla de la noche anterior. Gracias a eso conseguía levantar la persiana; obviando que obtenía el indulto a fuerza de prolongar su artificio.

domingo, 8 de febrero de 2015

¡Abajo el tirano!

Estando a horcajadas sobre el macho, cogió la fusta y le atizó tímidamente... El tercer azote ya lo dio como si fuera experta en el arreo de animales; sin ensañamiento, pero con decisión. Entonces, el hinchado cuerpo que tenía entre sus piernas empezó a moverse y, cabalgó al trote, a galope...

Todo iba bien, incluso mejor de lo que había imaginado. Hasta que él, sospechando la rebelión, frenó en seco al escucharla gritar briosa una popular consigna... Le ordenó desmontar “ipso facto”, pero la insubordinada, desbocada entre risas, aún le atizó más fuerte.

La mujer menguante

Esta mañana me he dado cuenta... de tanto menguar ya no llego a ver mi reflejo en el espejo del aseo. He tenido que esforzarme; dar un salto hacia delante para poder observarme. Después de tanto tiempo sin atreverme a mirar...

He recordado la primera vez, cuando me acurruqué bajo las sábanas, evitando así el roce de su cuerpo, que en ocasiones me amaba con vehemencia y otras me quebrantaba.
La segunda repliqué, y entonces sus palabras tronaron sobre las mías.

Fue a partir de la tercera o la cuarta... cuando empecé a encoger, conviertiéndome en minucia. Hasta hoy, que he dicho: "basta".

Involución

Dicen de nosotros que somos uno de los mamíferos más inteligentes..., lo dicen entre risas, mostrando sus dientes de peces predadores, mientras nadamos sorteando aros de colores y chorros de agua a presión, totalmente deshumanizados. No somos más que una excéntrica atracción en un mundo raro y depravado. Así es, desde que la madre naturaleza inició su lenta y constante revolución, provocando nuestra decadencia.

Recuerdo que todo empezó con aquella lluvia de peces voladores… en pocos días el mar inundó nuestras ciudades, mientras los intrusos caídos del cielo formaban un vasto ejército.


Ya no acierto a recordar con exactitud cuándo ocurrió, pudo ser un día cualquiera en el que, la atrocidad que todos temíamos y ni siquiera nos atrevíamos a decir en voz alta, sucedió. El horror que pervertía nuestros pensamientos y protagonizaba nuestras peores pesadillas se hizo realidad, cuando uno de ellos invirtió el orden de la cadena alimentaria. 

martes, 1 de octubre de 2013

"Alzar el vuelo"

En mi biografía se lee que escuchaba a Chopin cuando sólo contaba con meses de vida; empecé los estudios de solfeo con cuatro años; a los doce di mi primer concierto... Un prodigio, un virtuoso del piano, pero... no cuenta cómo aquel niño primoroso se convirtió en un perfecto desgraciado.

No tuve una infancia alegre, ni una adolescencia dicharachera. Compartía mis horas con las notas que mi padre me hacía repetir hasta la saciedad; siempre anclado al piano.... A los veintitantos decidí liberarme de su opresiva presencia. Y no fue fácil, pues lo sentía como parte de mi, pero haciendo acopio de fuerza y demencia... los lancé por la ventana del salón. Desde ese día nuestra casa enmudeció.

Termina así mi breve biografía: "...1986 un suceso violento le apartó definitivamente de la música". No es así, porque yo sigo escuchando sus notas. Componen para mi una melodía grave y pesada que cargo sobre los hombros.
A menudo me asomo a la ventana de mi habitación para cerciorarme de que el piano sigue ahí, prendido entre las ramas de los pinos centenarios y, siempre me pregunto... si él pudo volar, por qué yo no he sido capaz de alzar el vuelo.

"Burlando a la parca"

Sentada en el patio, con las labores de costura entre las manos, la mujer más vieja del mundo cuenta a sus vecinas que, ha burlado a la muerte otra vez. Van siete y, en el pueblo ya la comparan con el gato del párroco, al que los críos lanzaron desde el campanario los ocho últimos Corpus Christi. Aún así el animalito, persistente en sus creencias, sigue visitando la casa del señor todos los domingos.
La anciana cuenta con un hilillo de voz que, la parca adopta la apariencia de su difunto marido y la visita de vez en cuando. Apoyado en el quicio de la puerta de su habitación, declama versos amatorios, silba bellas melodías... Todo con el fin de llevársela, pero ella se resiste.

- Suele llegar al amanecer; escucho el arrastre de su cuerpo por el pasillo. Entonces me asomo y le veo venir gateando hacia mi cuarto, como un caracol. Lentito, lentito, de puro cansancio.
- ¿No siente miedo?
- ¡Ay hija! pena es lo que siento, porque el pobre regresa de vacío a no sé dónde, por el mismo camino y, con lágrimas en los ojos me dice: “Ay, viejita... qué trabajo me estás dando”.

lunes, 19 de agosto de 2013

"Nuestra galaxia". A partir de dibujos de Natalia Pérez Chazarra. Ver su blog: http://npchaz.blogspot.com.es/

"... casi perfecta", fueron las últimas palabras que dijo su conciencia antes de desconectar todos sus sentidos. Otra vez se había quedado dormido observando los puntitos marrones que, como un conjunto de estrellas coronaban el tatuaje; ese que compartían. Él lo llevaba impreso en el omóplato derecho y ella en el izquierdo, cuestión de ideologías. 

Cuando se tatuaron esas palmeras, ambos ignoraban cuál iba a ser el lado de la cama que ocuparían, ni los silencios que iban a compartir. Desconocían las pequeñas manías que, les sacarían de quicio los lunes y les harían sonreir los viernes.
Ninguno de los dos resultó ser fruto de la intuición del primer momento, sin embargo, en la sorpresa recíproca encontraron lo que siempre habían soñado: unas zapatillas descansando despreocupadas en el suelo, a la espera de sus pies descalzos que, siempre retozaban bajo las sábanas; memoria de pez para los enfados y dos corazones a prueba de balas. 

A veces, ella canturreaba entre sueños... él se desvelaba las noches de verano y, vencía al insomnio leyendo y recorriendo el reguero de lunares que salpicaban la espalda de su compañera... Cada noche, entornaba los ojos feliz, reconociéndose como "parte de una constelación...".


martes, 25 de junio de 2013

Las trenzas de Sara

Le tiré de las trenzas lo más flojo que pude, porque me daba miedo hacerle daño. -“¡Así no idiota, más fuerte!”,- gritó la de siempre acercándose a mi cara, tanto que pude notar el calor de su aliento. Pero aquel chillido no me asustó, ya estaba acostumbrada. Y otra vez me limité a cerrar los ojos y contuve la respiración, deseando por unos segundos que sólo fuese un mal sueño.

Ya llevamos tres meses de curso, pero ésto no para. Ayer por primera vez, nos miramos a los ojos; a mi me dio mucha pena... verla despeinada con los lazos deshechos, colgando sin gracia de sus trenzas. Creo que ella sintió lo mismo por mi. A punto de llorar le dije -“lo siento, me obligan”. Y ella, muy serena me ordenó -“hazlo fuerte, para que se callen”. Entonces comprendí que el miedo que me paralizaba alargaba todo aquello, y lo hacía aún más insoportable para Sara.

Obedecí su orden con decisión. Respiré hondo y le tiré del pelo lo más fuerte que pude. Después no me sentí tan mal como esperaba, y ahora tengo miedo de haberme convertido en alguien horrible. Hoy me he despertado sudando, con las sábanas enredadas a mis piernas y la boca tan seca, que ni si quiera he podido llamar a mi madre. Me he puesto muy nerviosa porque no encontraba la lámpara y… por fin ha parado todo cuando he conseguido encender la luz.

De camino a clase he pensado en Sara; no quiero ser como las demás, a mi me gustaría ser su amiga pero... me da miedo que hagan lo mismo conmigo.


jueves, 6 de junio de 2013

Desequilibrio

Hoy el viento quiso jugar conmigo, desde primera hora de la mañana se coló en la habitación y en su fugaz recorrido por la estancia, hizo danzar a las cortinas, dejó en suspensión a miles de motas de polvo y desordenó todos mis planes de futuro. Unas ráfagas muy persistentes me han empujado a salir de casa y ya en la calle el viento ha soplado contra mí con tanta fuerza, que me ha hecho perder el equilibrio.
El muy caprichoso ha decidido quedarse entre mi pelo, correteando un buen rato, hasta que ha conseguido entrar por una oreja y me ha desbaratado. Ahora mismo tengo todas las ideas enredadas, las buenas y las malas, girando en torbellino hasta causarme dolor. Siento una punzada constante en mis sienes, (más en la derecha que en la izquierda), y una sensación muy extraña... al mover la cabeza es como si algo estuviera suelto, fuera de su sitio, y choca contra los parietales.
No debe ser nada importante, porque no he perdido ninguna de las funciones vitales, que hasta ayer venía realizando... En fin, este es el último árbol que huelo; no me gusta llegar tarde al trabajo.

Comparto este relato con Natalia Pérez Chazarra en su libro de artista que podéis ver en su blog: http://npchaz.blogspot.com.es/2013/07/libro-de-artista-desequilibrio.html

miércoles, 29 de mayo de 2013

EL MAR, A RATITOS... LE CONQUISTÓ.

Descubrió el mar siendo muy pequeño; lo contempló agarrado a las piernas de su madre, intimidado por aquella inmensidad azul, aquel espacio tan vasto y libre que le hizo sentirse diminuto. No comprendió las caricias que le hicieron las olas y, huyó de ellas como lo hacía de las arañas, con esa sensación de miedo y aprensión que, le hizo correr sin sentido.



Tardaría dos años en sentir que, era posible encontrar un gran tesoro, en la menudencia de unas conchas vacías. También descubriría que, tras cavar muy hondo en la arena, siempre encontraría un charquito de mar, manando tímido en ella.


En su adolescencia, el mar prestó la orilla a sus caricias pueriles e inseguras y, así pudo gozar del sabor salado en los besos, y deleitarse con el suave roce de la arena en la piel desnuda… Fue entonces cuando escribió las primeras palabras dedicadas al mar, tal vez por gratitud, o quizás... por la necesidad de expresar cómo sentía.


Ahora, siendo adulto, lo sueña y, al despertar... camina en su búsqueda.


martes, 28 de mayo de 2013

PERSECUCIÓN NOMINAL

Estando en el aeropuerto, apenas le di importancia al hecho de leer tu nombre en una pared del aparcamiento. Tampoco me inquieté, cuando en pleno vuelo transoceánico, ojeando una revista... vi un anuncio de un perfume francés que por casualidad, se llamaba como tú.
Había emprendido una huida cobarde y viajé a otra ciudad, a otro país. Hasta allí fui para alejarme de tu cercana presencia en todo lo cotidiano. En aquel lugar desconocido pretendí encontrarme con el olvido y dejar el corazón y la mente en blanco; ahora sé que estuve muy cerca de conseguirlo. Paseando por calles nuevas, llenas de gente distinta a ti, conseguí no recordar; que no dejar de sentir, pero si distanciarme de tu ausencia.
Todo parecía ir bien, hasta hace dos días... Buscando un cartel de alquiler en los balcones y ventanales de las casas, me encontré con una ventana que llamó mi atención. Estaba repleta de plantas, geranios rojos, cactus, pensamientos amarillos y violetas, margaritas... todos vivían juntos y entrelazados por sus hojas, como acariciándose. Me acerqué para apreciar mejor los detalles de la composición floral, y mi mirada se detuvo en una maceta que habitaba un cactus enorme. Cuál fue mi sorpresa, cuando pude leer en el borde del tiesto tu nombre. Otra vez, de nuevo, tan inoportuno y persistente, tu... nombre.
De repente la nostalgia revolucionó mi pulso, el orgullo punzante despertó a la ira, y de ahí a la desesperación en pocos segundos.
Estuve cerca... pero sé que va a ser difícil, porque ahora incluso los objetos ajenos confabulan y se alían para que no te olvide.

BICICLETA, CHIMENEA, CALCETÍN Y JARRA... Cuatro palabras para cien


Se conocieron haciendo el camino de Santiago en bicicleta y al finalizar el viaje, creyendo tener gran parte del camino andado… decidieron vivir juntos. No podía salir mal, después de haber vivido tan compenetrados durante meses, compartiendo saco y esterilla; llegando a conocer ambos pequeños detalles cotidianos que les hacían más cómplices…

A ella le hizo gracia ver, que él siempre agujereaba con el dedo pulgar el calcetín izquierdo; y él sonreía cuando todo el grupo bailaba en un bar, mientras ella fumaba como una chimenea, escondiendo su timidez detrás de los cigarrillos y una jarra de cerveza… Salió bien.


INTERVALOS DE CERCANÍA

Las miradas entre Luis y Adela cuelgan entre los dos como hebras invisibles... Unidos por hilos quebradizos, se observan en la distancia que les procura el recuerdo. Luis hilvana pensamientos mirando las manos venosas de Adela. Observa con qué delicadeza las ahueca para acoger el tazón de leche. Después su mirada trepa por la bata rosa, descolorida y con bolitas, hasta llegar a la luz que se cuela por la ventana de la cocina..., a espaldas de ella.
Adela hila su mirada a la forma en que él unta la mantequilla; cómo gira la cucharilla dentro de la taza... y sonríe cuando ve que al beber se le empañan las gafas. En ese momento están tan cerca... pero ninguno de los dos atisba a la compañía que tiene enfrente; a la persona con la que compartieron no hace mucho la dulzura del azúcar, el amargor del café solo; la alegría contenida en el zumo de frutas y la quemazón del pan tostado... Toda una vida servida en el desayuno, que ahora nunca terminan.

Sus ojos trazan trayectorias divergentes, apuntando hacia la lejanía. Perdiéndose en el espacio- tiempo hasta topar con algún recuerdo, que les hace regresar hacia el interior de cada uno de ellos.
Son distancias difíciles de acortar, cuando lo que ha mermado es la complicidad y el afecto. En apariencia cortas, albergan soledades kilométricas, espaciadas por un acompasado tic tac que rellena los minutos silentes de miradas perdidas.

Finalmente, las hebras invisibles que les unían caen al suelo y se arremolinan junto al polvo. Mientras Luis recoge las sobras del desayuno, Adela barre la cocina.

VIAJE EN UN VAIVÉN, a través de "BEFORE SIX" de Ezio Bosso.


Viaje en un vaivén, a través de “Before 6” Ezio Bosso
 

Necesitamos viajar..., tal vez por eso vamos tantas veces al cuerpo del otro, en busca de nuevos paisajes y de estaciones cálidas... Eso es lo que piensa mientras intenta abrir los párpados, y trata de adivinar el paso del tiempo por la luz que se cuela entre sus pestañas. Sabe que ambos se observan mirando al techo y escuchan el silencio que produce la quietud del otro... Esperan.

Uno de los dos decide emprender el viaje en solitario, y tras su marcha el cuerpo de Eva se hunde levemente en la cama. Siente ese pequeño vaivén en el colchón y adormilada observa incrédula su lenta huida; la ve dibujada entre las cuatro paredes con la precisión de la niebla... No entiende todavía.

Lo ve marcharse como el humo de los cigarros, lento e indeciso. Se va, pero no desaparece del todo. Se le ha quedado levitando sobre su cabeza, y sueña que es el calor que templa las sábanas y prende la piel; unas manos enredadas en sus cabellos, y el abrazo de sus muslos a una cintura. Le sueña en la concavidad de un cuerpo que es su morada después del sexo; en la complicidad de la risa, y en el aliento interrumpido por besos... A tientas, emprende su búsqueda.

Su brazo izquierdo intenta encontrarle en el vacío de la cama, lo extiende una y otra vez; el corazón también se le desplaza hacia ese hueco en blanco, que enmudece las sábanas... Y se repliega, cuando recuerda el leve movimiento que hace unos minutos le anunció su marcha.